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lunes, 7 de noviembre de 2011

DE PETITE BONNE



“66.000 niñas marroquíes que desde la tierna infancia se convierten en Cenicientas cuya historia, probablemente, no terminará con un príncipe azul. Son las petites bonnes, niñas, mayoritariamente de las áreas rurales de Marruecos, que desde muy temprana edad, a veces desde los 7 años, trabajan como criadas en hogares acomodados de las grandes ciudades de aquel país”.



                                                                        KHADIJA



Khadija se despertó con una fuerte contracción. Había llegado. Se envolvió en la manta y salió a la calle, inspirando, espirando y abrazando la barriga.
No había absolutamente nadie, era plena madrugada. La casa de la partera quedaba a unas tres calles. Qué suerte había tenido en conocer a esa mujer. Y qué suerte que viviese tan cerca de esa habitación sórdida donde Khadija ahora dormía.
Apenas había recorrido media calle, tuvo otra contracción. Se sentó en el suelo, no aguantaba de pie. Cuando pasó, se levantó un poco mareada y siguió caminando, la siguiente le vino cuando ya estaba en la puerta de la casa de la partera, quien al oírla se asomó a la ventana.
“¡Mujer!” –La partera cruzó rápido la puerta y la sostuvo con manos firmes– “Ven, pasa, pasa.”
La acostó en la cama y se puso a calentar agua, mucha agua. Khadija estaba sorprendentemente serena.
“¿Cuánto hace que empezaron las contracciones?”
“No mucho, tuve una y ya sabía que era la hora, entonces me vine directamente para acá, tuve otra contracción en el camino, y luego aquí, cuando me viste” –Khadija cogió aire–. “Gracias por ayudarme, Zahra, de verdad, gracias.”
“No me agradezcas ahora, hija, concéntrate en la respiración, ese crío no tardará.”
Y no tardó. Veinte minutos después, Khadija tenía en sus brazos a una hermosa niña recién nacida.
Las dos lloraban.
Cuando Khadija se despertó al día siguiente, Zahra le había preparado té y pan.
“Eres un ángel, Zahra. No sé como agradecerte. Estoy totalmente sola, si no fuera por ti…”
“Yo sé qué es ser madre soltera, hija mía. Y tú has sido muy, muy valiente. ¿Cómo se llamará la niña?”
Khadija no había decidido ningún nombre. En ese momento lo supo.
“Zahra, como tú. ¡Es un nombre tan bonito!”
La partera la miró profundamente a los ojos, miró a la niña con un suspiro largo.
“Gracias.”
Khadija tomó el té, comió el pan, le dio de comer a la pequeña Zahra, que tenía un apetito voraz, y volvió a dormir.
Al despertarse, vio a Zahra con el bebé en brazos.
“Es muy tranquila esta niña. Casi no llora” –Zahra le pasó la pequeña a la madre–. “Toma, tiene hambre.”
“Es tan linda mi niña.”
Estuvieron varios minutos en silencio, las tres hipnotizadas por el acto de amamantar. Luego la niña se durmió, Zahra se puso a hacer labores de casa. Khadija estaba muy despierta ahora.
“Yo ya tuve que cuidar a bebés, cuando era pequeña, pero no eran como mi Zahra, gimoteaban mucho y no había como pararles… Lo que más miedo me daba era que la señora de la casa, la madre de los bebés, me decía que si lloraban era porque yo les debía de haber pegado… Me daba terror cada vez que lloriqueaban” –se le hizo un nudo en la garganta, pero aguantó–. “Me dejaban encerrada en la casa con los bebés y si cuando volvían estaban berreando, me pegaban.”
Zahra no se sorprendió.“¿Tú trabajabas en esa casa?”“Sí. Desde pequeña fui ‘petite bonne’. Pero mi hija no lo será. No sé como lo haré, pero a esta niña siempre la tendré cerca de mí.”
“¿Cuántos años tienes ahora?”“Tengo 17. Cumplo 18 en…” –empezó a contar con los dedos– “Cinco meses.”“Y tus padres, ¿dónde están?”“En el pueblo.


En Chicoua, queda en las montañas, entre Agadir y Marrakech. Mis padres me quieren mucho, pero no puedo volver con un crío. Tú sabes como es, estas cosas no se aceptan fácilmente…”
Zahra asintió con la cabeza, resignada. Khadija siguió hablando, hacía mucho que nadie la escuchaba.
“Mis padres siempre han sido buenos conmigo. No querían que trabajara, incluso empecé a ir a la escuela de pequeñita, fui durante un año. Pero somos pobres, era muy difícil pagar los gastos, así que tuve que trabajar. Mis padres conocían a una mujer que vivía en la ciudad y necesitaba a alguien, entonces me enviaron ahí. Yo lloré mucho pero entendí, lo necesitábamos, no teníamos dinero. Y a la ciudad me fui. Trabajaba tanto que en las manos se me hicieron grietas, pero al menos no me maltrataban, no me insultaban o pegaban como esos otros que vinieron después…”
“Yo sé cómo es. Conozco a muchas niñas como tú. Si tienes buenos patrones, puedes estar más o menos bien, pero si no… Y hay muchos que no, no sé qué piensan, que no sois seres humanos” –Zahra sacudía la cabeza, mientras barría–. “¿Y por qué te fuiste de esa casa?”
“Porque pasó algo muy bueno, la situación de mi familia mejoró un poquito, entonces mi padre me dijo que ya no necesitaba ir a trabajar, que podría volver al pueblo y estudiar. Pero la escuela ya no me aceptó de vuelta, porque yo había estado fuera mucho tiempo. Eso fue horrible. Así que no tenía nada que hacer en el pueblo, también era imposible que me enviaran a estudiar en la ciudad, imposible, demasiado caro. ¡La vida en el pueblo es tan difícil! Así que decidí volver a trabajar.”
Zahra la escuchaba atenta.
“Y fue ahí cuando tuve mucha mala suerte y me tocó esa casa donde había los bebés, ese lugar fue muy duro. Me trataban como basura, me hacían trabajar tanto que enfermaba siempre, y nunca me daban medicinas o me dejaban reposar. Ni de noche descansaba, porque dormía con los bebés, y se despertaban a cada rato. Tampoco me pagaban, siempre iban retrasados en pagarme, para tenerme enganchada, pensaban que así nunca me escaparía. Pero me fui igual. Una vez que pude volver al pueblo para las fiestas, no regresé jamás a esa casa. Me debían un montón de dinero pero no volví. Dije a mis padres que me habían maltratado, a ellos no les gustó nada oír eso, pero qué podían hacer. Entonces me buscaron otra casa, y fue esa casa donde estuve hasta hace… Siete meses.”
Khadija se quedó estática, mirando a la niña que dormía. Luego bajó los ojos, la voz le salió entrecortada.
“Al principio en esa casa tampoco estaba tan mal, lo de siempre, mucho trabajo… Pero el señor, el dueño de la casa tenía un amigo que venía siempre… Y yo veía que me miraba de una manera que me daba escalofríos… Se me acercaba, y yo no podía hacer nada, nada…” –Khadija se puso a llorar profusamente.
Zahra se acercó y le apoyó las manos sobre el hombro. Tenía manos gruesas y calientes, manos de una mujer que sabe muchas cosas.
“Al principio sentí rabia, ¡tanta rabia! Lloraba sola, en el cubículo donde dormía, no quería ese bebé dentro de mí, sentía que no era mío. No tenía con quien hablar, no sabía qué hacer. Me desesperé. Me escapé de la casa antes de que se empezara a notar, y me vine aquí, con las monedas que tenía. Alquilé esa habitación minúscula en la pensión, ahí donde nos conocimos, a cambio de cocinar y trabajar para la dueña. Estaba como inerte, sin sentir nada, sin ánimo para nada. Pero de pronto empecé a querer a esta vida dentro de mi barriga, la quería cada vez más. Y ahora mira esa niña lo que es. No sé como puede ser así, tan linda.”
Zahra se había sentado en el borde de la cama, le cogió la mano, Khadija sollozó mucho tiempo hasta que se calmó. Zahra le trajo otro té.
“Tú has sufrido mucho ya, y ya sabes lo que te espera. No hace falta que te lo diga nadie. Pero al menos tienes una familia, seguro que están muy preocupados, preguntándose dónde estás. ¿Por qué no les buscas? Por supuesto les costará aceptaros, a ti y a tu Zahra. Pero quizás de acojan, o te ayuden. No te quedes aquí, sola.”
“Quizás tengas razón, pero es tan difícil volver así… Tan difícil… No sé. No sé qué será de mi vida, sólo que a esta niña, la tendré siempre cerca de mí.”
La pequeña Zahra se despertó: tenía hambre otra vez.


                                                                    IKRAM

“Esta escalera no termina nunca, cada escalón se hace más grande que el otro… Cierro los ojos y es como si cayera, me duele todo el cuerpo, hace calor pero tengo frío, las manos me queman, los ojos me arden, pero tengo que limpiar bien cada rincón de cada escalón, si no la señora me va a pegar.
                                                                      * * *
Me fui de casa hace mucho tiempo. Era muy pequeña, tenía 8 años. Ahora tengo 12. Me fui porque no estaba nada bien ahí: mi padre es el que manda y se enoja mucho cuando las cosas no van como él quiere; mi madre sufre y no puede decir nada. Mi padre tiene otra mujer y muchos hijos. A nosotras, las niñas, nos trata mal. Con los niños es diferente, pueden ir a la escuela, los prefiere. En cambio, las chicas no le importamos. Así que en cuanto pude, me fui.
Me fui con un señor que llegó un día al pueblo con un coche grande y bonito. Era un hombre del pueblo que había tenido mucho éxito en la gran ciudad, y venía buscando a niñas que quisieran trabajar allí. Decía que ahí la vida era mejor, “muchas oportunidades”, “buenos maridos”, venía con una chica toda bien vestida y decía, mira qué bien se puede estar en la ciudad. Yo fui la primera en decidir que iba, luego vinieron otras tres niñas en el coche. Llegamos a la ciudad y nunca más las vi.
                                                                         * * *
Una vez llamaron a la puerta dos mujeres muy amables. Me saludaron y pidieron hablar con la señora. Pensé qué raro que me saluden, nunca lo hace nadie. Vino la señora e hizo una señal, la misma que hace a los perros, para que me fuera. Pero como se puede oír un poco desde la cocina, oí que aquellas mujeres le dijeron que eran de una asociación y le preguntaban sobre mí. La señora no estaba muy contenta de responder. Hablaron algo de aprender a leer y escribir, y si la señora quería enviarme algunas horas por semana a un lugar. La señora les dijo que no, que a mí no me hacía falta aprender esas cosas, que una “petite bonne” no necesita saber esas cosas, ya sabe todo lo que tiene que saber. Y adiós.
                                                                  * * *
Ya estuve en unas cuatro o cinco casas diferentes. Todas iguales. Trabajar, trabajar, trabajar todos los días, sin descanso. Ser la primera en despertarme, la última en acostarme. Siempre vigilada, encerrada. Tener controlada hasta la cantidad de agua que uso, poder ducharme sólo a veces, comer las sobras, vestir trapos, dormir sobre el suelo en la cocina. Estar sola siempre, todos los días. Los perros son los únicos que me saludan.
No he visto a mis padres desde que me fui. Nadie nunca me buscó, nadie se preocupó por mí, ni siquiera en fiestas han aparecido, o enviado a alguien del pueblo. Sé que mi madre quiere saber dónde estoy, pero no puede decir nada. Es mi padre quien manda y mi madre calla. No tengo más familia.
                                                                         * * *
Le he pedido a la señora que, por favor, me pague. Al principio había dicho que me pagaría pero desde que trabajo aquí no he recibido nada, y de eso ya hace varios meses. Dice que ya me da techo y comida, que qué más puedo querer. Le dije que si no me pagaba me voy. Entonces me tiró de los pelos y me amenazó con que si me voy, me denunciaría a la policía, diciéndoles que la robé y me fui con el dinero.
                                                                                     * * *
Sudo, tiemblo, tengo frío, pero no puedo parar. Me duele, me queman las manos, esta escalera es interminable, y creo que está sonando el timbre, ya están llegando los invitados.
Me voy. No sé adonde, no puedo volver a mi casa, no quiero trabajar en otra casa de éstas, no sé qué hacer, pero de esta casa me voy.Sólo quisiera que todo esto acabe.”

viernes, 21 de octubre de 2011

KAFALAR UN NIÑO MAYOR



Hace días que vengo pensando en hacer esta entrada pero no consigo dar con la clave para explicar bien mis sentimientos.
En uno de mis viajes a Tánger, hará un año más o menos, para hacer la kafala de mis hijos pequeños conocí el centro Asadaka, que se encuentra en un Barrio pobre de la gran ciudad de Tánger. Me quede impresionada, primero por lo grande que era el centro, yo solo había conocido la Creche de Tánger. Segundo por la enorme actividad que se respiraba en cada uno de sus rincones, talleres para mujeres, escuela para los niños, cooperativa de pan.
También dispone de una pequeña residencia donde viven niños de más de seis años en situación de abandono, a mi esto también me llamo la atención, en la Creche no había niños tan mayores y yo pensé que cuando cumplían los seis años eran enviados a aldeas infantiles y ya no existía la posibilidad de realizar su kafala, sin embargo allí estaban y necesitaban unos papas tanto o más que los bebes de la creche.
La visita al centro la hicimos mi marido y yo con unos amigos que tenían la idoneidad para hacer la kafala de un niño entre seis y ocho años “un niño mayor”, ellos habían dudado mucho siquiera en hacer el viaje y aún cuando estábamos allí seguían pensando en un niño más pequeño.

En este viaje conocimos a una pareja que acababa de hacer la kafala de un niño salido del centro de Asadaka, y me quede impresionada por el amor y el cariño que el niño nos dio a todos sin conocernos. Creo que esto fue lo que definitivamente animo a mis amigos a aceptar la asignación que habihan hecho de Mohamed un niño algo retraido por entonces y poco comunicativo con unos seis años más o menos.
A día de hoy el niño parece otro es muy comunicativo y parlanchín, se relaciona perfectamente con todos sus compañeros y demuestra a cada instante el cariño que tiene a sus papas, con muchos abrazos y caricias.
Mohamed lo había pasado muy mal, su mama biológica había muerto y su abuela firmó el abandono porque no podía hacerse cargo de él, es normal que estuviese desorientado. Solo necesitaba una oportunidad para poder demostrar que puede dar tanto cariño y amor a unos padres adoptivos como un bebe recién nacido.

Con todo esto quiero decir que si bien los niños más mayores es cierto que traen una mochila más grande, también es cierto que todos en la vida tenemos nuestra mochila, mas grande o más pequeña y no por eso no nos merecemos unos padres, si ser padre significa dar sin esperar nada a cambio, que más da si nuestro amor se lo damos a un bebe recién nacido o a un niño de mayor que necesita más tiempo para asimilar las cosas.
SI ALGUNO ESTAIS INTERESADOS EN SABER MAS SOBRE EL CENTRO DE ASADAKA MIRAR ESTA WEB:  http://www.asociacionpaideia.org/cooperacion-al-desarrollo/marruecos/

miércoles, 19 de octubre de 2011

CARTA A UN HIJO RECIÉN LLEGADO





Antes de ver tu cara , ya te queríamos más que a nada en el mundo

Cuando te tuvimos en nuestros brazos, pensamos: "¿qué hemos hechos nosotros para merecer tanta alegría y felicidad?"

Siendo pequeño e indefenso, nos atraes y seduces.Por eso de nuestros corazones brotan para ti nuestros mejores deseos.

Quisiéramos verte crecer fuerte y sano, que nada te falte en la vida, que vivas siempre feliz y contento.

Ojalá nunca te des por vencido y derrotado ante las dificultades de la vida, que nunca esta sociedad, ahogue tus sentimientos e ideales.

Que sientas a tu lado palabras de ánimo y aliento, que encuentres manos que se tienden de forma gratuita y desinteresada.

Ya no podemos menos que vivir para ti, a tu servicio.
Quisieramos que nada te faltara, Con gusto nos gastaremos para darte lo mejor de nosotros, No pararemos mientras sepamos que nos necesitas.
!Como deseamos que una fuerza sobrehumana te anime y aliente cada día!
Bienvenido, hijo, a esta tierra.

Ojala tú seas la primera página de una historia llena siempre de amor y alegría.

Esta carta de bienvenida se la dedico a mis tres pequeñuelos, David, Yoail e Ismael, ellos son toda mi vida y por ellos cada día soy capaz de seguir adelante a pesar de todos los problemas.


Sara

domingo, 2 de octubre de 2011

VIVENCIAS DE LA MAMA DE NASSIM


Era el día 24 de junio de 2007, sobre las nueve de la noche. Yo Había salido de casa para llevar a mi hermana a las fiestas de Aguilar, San Juan, entonces sonó el telefono, con la llamada que nos traía la noticia más esperada, lo cogió José mi marido que estaba solo en casa.


 Nos llamaba Khadiya de la Creche de Tánger, teníamos que preparar un viaje para ir a conocer a nuestro pequeño tesoro, mi marido se quedo paralizado, no sabia como reacionar, continúa con sus tareas pero tenia el corazón en un puño. Cuando  llegué a casa y me lo contó, me puse como loca de contenta, llame a Tánger y Khadiya me lo confirmo había un niño de unos quince días listo para sernos asignado, debíamos ir para firmar la asignación, comprobar sus análisis y por supuesto conocerlo y darle mimitos.
Desde este día todo ha cambiado en mi vida, está llena de amor, de voces dulces que me llaman Mama y de pequeñas trastadas que animan todo el día e incluso la noche.



Pusimos rumbo a Tánger el día 4 de julio de 2008 por el antiguo camino conocido como ruta de la plata, 990km nos separaban de Tarifa para coger la lancha rápida que nos llevaría a conocer a Nassim, que en árabe significa aire fresco de la mañana, cuando llegamos a Tarifa la última lancha rápida ya había salido y esperamos  en un hostal más nerviosos e ilusionados que nunca, poniendo cara a nuestro pequeñuelo, fue una noche muy larga.

A  la mañana siguiente salimos en la primera lancha rapida. Cuando por fin estuvimos en el ferry los nervios se desbordaban y después cuando una vez instalados en el piso cogimos el petti taxi rumbo a la cres el corazón quería estallar dentro del pecho.
Por fin y casi diez días después de saber que Nassin había nacido y nos estaba esperando estábamos delante de la puerta azul cielo que da paso a la creche de Tánger y que era ya lo único que nos separaba de nuestro bebe. Llámanos y nos abrió una cuidadora, salam malecum, malecun salan, somos los papas de Nassin venimos a conocerlo, pasen.

 Nos sentaron en el despacho de la directora durante un cuarto de hora más o menos, José y yo muertos de nervios cogidos de la mano, queríamos verle no queríamos ver papeles. Por fin apareció que chico que trabaja en la creche y habla perfectamente español, nos indico que le acompañáramos,  esos hicimos.
Subimos las escaleras que dan al pabellón de recién nacidos, José se sentó en una gran mesa para dar biberones y yo segui al empleado al dormitorio de bebes menores de tres meses y allí estaba el tesoro de mi vida, con su ojos grandotes y negros muy abiertos, sus preciosas orejas de soplillo, su pelito negro peinado a lo loco, y por supuesto el Corán en una espina de la cuna para que protegiese a mi pequeñuelo de las cosas malas de la vida.
Llena de miedo lo cogí en brazos y lo bese lo apreté mucho contra mi pecho para que notase mi corazón, para que supiese que mama ya estaba aquí y que nada tenía que temer ya, mama y papa siempre le cuidarían. Salí de la sala y se lo entregue a José que estaba sentado en la mesa de los biberones, de nuevo emoción, yo me puse a llorar y él le miraba sorprendido como si no creyera que pudiera ser realidad, después cogí a Nassin en brazos y le cante las canciones que mi madre me cantaba a mí, creo que hasta el día de hoy todavía no he sido capar de soltar a Nassin de mis brazos, ahora ya no me pasa pero cuando era pequeñito y dormía la siensa muchos días lloraba de alegría al verle a mi lado, él es el tesoro de mi vida una de las tres personas por las que  yo lo daré todo porque sean felices.
TE QUIERO MUCHO; MAMA.

domingo, 18 de septiembre de 2011

TESTIMONIOS DE MADRES DE NIÑOS INMIGRANTES

MANOS PINTADAS CON GENA

Como la entrada titulada testimonios de niños de la calle, esta entrada ha sido extraída de los cuadernos de sensibilización que la asociación Paideia realizo durante el 2007. Al igual que los testimonios de los niños; los de sus madres en varias ocasiones son muy duros pero merece la pena conocer la realidad de estas mujeres.
INTRODUCCION.

En el marco del convenio firmado en Diciembre de 2.005 entre la Comunidad
de Madrid (Agencia Regional para la Cooperación y el Instituto Madrileño del
Menor y la Familia), Entraide Nationale (organismo público encargado de los
servicios sociales en Marruecos y que pertenece al Ministerio de Desarrollo
Social, Familia y Solidaridad) y la Asociación Paideia (entidad especializada
en menores en situación de vulnerabilidad y sistemas de protección y atención
a la infancia).

Madre de Khalil, un chico de 15 años que murió bajo las ruedas de un
autobús en el intentaba emigrar.

Mientras hablo contigo de esto, estoy reviviendo toda la historia de la muerte
de mi hijo. Khalil era una buena persona, tenía buena relación con toda la gente.
Todas las veces que mi hijo hablaba de que quería emigrar yo le contestaba
que podía hacer lo que quisiera pero que mi corazón me decía que no lo
hiciera. Cada vez que él volvía a casa yo sabía que había estado en el puerto
o en el Marjan por cómo traía su ropa. Le decía, “tu estás intentando emigrar”,
él asentía y me decía que era verdad, que él quería ir a España para conseguir
dinero y ayudar a la situación de la familia. Yo le decía “por favor quédate
en casa, ve a la escuela y cuando seas mayor tu podrás ayudarme”.
La historia de emigración de mi hijo comienza cuando ve a un hombre que
vuelve de España con coche, dinero y ayudando a su familia. Nosotros vivimos
en una casa muy humilde y Khalil ve como otros vecinos cuando han
vuelto de España han podido ayudar a su familia y mudarse a una casa mejor.
Cada día él decía “quiero ir a España para conseguir dinero”. Yo le contestaba
tu eres el único hombre de la casa, el único varón entre tus hermanas, yo te
prefiero a ti que a todo el dinero del mundo. Pero él me contestaba” yo no puedo
madre, por dos razones, la primera, todos mis amigos que han emigrado
a España vuelven con mucho dinero; y la segunda razón “la situación de la
familia es muy mala, mis hermanas y mi padre trabajan muchas horas pero
consiguen muy poco dinero”.
Khalil se puso a buscar trabajo e hizo muchas cosas: lijar madera, vender en
la calle, hinchar ruedas de coche, … Mi hijo volvía muy cansado a casa. Un
día me dijo “ya no quiero trabajar ni ir a la escuela, sólo quiero irme a España”.
Los primeros días iba al puerto y de ahí al Marjan (hipermercado grande en
busca de camiones en los que poder colarse en los ejes para entrar al barco).
Cuando volvía a casa me contaba todo lo que había intentado, los incidentes
que tenía con la policía y cómo éstos le pegaban. Yo le decía es mejor no
salir, no emigrar. Entonces estaba tres días sin intentarlo pero al cuarto volvía
a lo mismo. Pasaba unos días en la calle y cuando volvía traía el brazo roto o
alguna herida. Le llevaba al hospital, le curábamos… pero una semana después
volvía a salir a la calle y me volvía a pedir permiso para emigrar. Yo le
contestaba que no podía dejarle.



MUJER MARROQUI

FATIMA, MADRE DE UN NIÑO QUE EMIGRÓ EN 1.994
A ESPAÑA Y HACE ONCE AÑOS QUE NO SABE NADA DE EL.

Mi hijo se marchó de casa en 1.994, cuando solamente tenía catorce años.
Nosotros le buscamos pero nunca apareció. Un amigo de mi hijo, me dijo que
vió a Abdelaziz en el puerto de Tánger y cuando pasó un año, escuchamos
que nuestro hijo estaba en España porque siempre cuando los chicos del barrio
regresaban de España me decían que habían visto a mi hijo. Yo no sé si
es verdad o no, porque mi hijo nunca me ha llamado.
Mi corazón me decía que mi hijo no estaba muerto. Mucha gente me decía que
mi hijo estaba muerto porque nunca se había puesto en contacto conmigo.
Yo recuerdo siempre que mi hijo me decía “mamá!, seguramente me vaya a
España, y cuando vuelva, voy a traer mucho dinero para comprar una casa,
un coche para toda la familia y sobre todo para ti. Yo no quiero volver a Marruecos
rápido, estaré en España mucho tiempo aunque finalmente volveré”.
Yo no creía las palabras de mi hijo, era una broma para mí.
La razón de la emigración de mi hijo fue motivado por un pequeño problema
con la policía. Ellos creían que mi hijo había robado un radiocasete. Yo sabía
que mi hijo no había sido porque estoy segura de la educación que le he dado.
Siempre ha tenido buena educación. La policía cogió a mi hijo y le llevaron
a un centro para menores que tenían problemas con la policía. Hablé con el
responsable de la comisaría y puede hacer que sacaran de nuevo a mi hijo
del centro.
Este fue el problema que mi hijo tenía y creo que por eso se marchó.
Hasta ahora no sabemos nada de él. Hace once años que se marchó. Cada
vez que viene alguien de España, le pregunto si ha visto a mi hijo.
A lo mejor ha encontrado una mujer que le ayude.
Me encuentro enferma y no me gustaría morirme antes de ver a mi hijo. No
quiero la casa. No quiero el coche. No quiero dinero. Quiero ver a mi hijo.


TESTIMONIO DE HASSANIA, MADRE DE UN JÓVEN
QUE MURIÓ VICTIMA DE UN INTENTO DE EMIGRACIÓN CLANDESTINA.

¡Quiero que mis hijos vivan conmigo! Espero que todos los niños que viven en
España vuelvan a Marruecos, a vivir con su familia. Hecho de menos a mis
hijos.
Mi hijo Mohamed no tenía trabajo y tenía 19 años, era muy joven y esperaba
poder trabajar aquí en Marruecos. Cada día iba a buscar trabajo. Pero emigró
y ahora está muerto, murió el día 26 del mes de Ramadán. Ese día después
de Sohor (la comida en Ramadán antes de que salga el sol) Mohamed salió
de casa para ir a rezar a la mezquita, después fue al puerto para intentar emigrar.
Se metió debajo de un camión, a pesar de lo duro de la situación quería
hacerlo. Se metió en los bajos de un camión para así entrar al barco que le
llevaría a España, pero la fuerza del camión le aplastó la cabeza y murió en
el acto, perdió una parte de la cabeza. Muchos niños mueren cuándo intentan
emigrar, sobre todo en estos últimos años. Yo no creo que mi hijo Mohamed
quisiera emigrar. Esa misma noche mi hija Meriam vió que su hermano Mohamed
se vestía y le dió dinero, ella presintió que su hermano se iba a ir. A mí me
pidió dinero. A las 7 de la mañana recibí la noticia de la muerte de mi hijo, no
me lo podía creer y fui al hospital. Allí percibí que la situación era muy grave,
pregunté si podía ver a mi hijo, una persona me dijo que no. Mi hermana me
mostró la zapatilla de Mohamed llena de sangre, yo entonces me fui corriendo
y empecé a llorar. Otra persona me dió 100 dirham como ayuda, volví a mi
casa y después toda la familia le enterramos.
Muchos niños han muerto como mi hijo Mohamed: Bilal, Muad.... La mayor
parte de los niños son de Ben Diban y Berwaka. La mayoría de ellos mueren
antes de llegar a España, en la carretera, en el puerto, en la calle. La muerte
de Mohamed fue muy dura para sus hermanos, ellos lo recuerdan hasta hoy.
El hermano pequeño, Yusef, creyó que la muerte de Mohamed fue por designio
de Dios.
Quiero que mi testimonio haga pensar a todos los niños y jóvenes que es mejor
que vivan en Marruecos y buscar su futuro aquí, con su familia, porque la
emigración es muy dura, muy difícil y supone una experiencia muy peligrosa.

CALLES DE LA KASBA TÁNGER

TAMA ,
MADRE DE UN JÓVEN QUE MURIÓ QUEMADO EN LA CALLE.

Mi hijo estaba trabajando en la construcción aunque a veces no había. Siempre
han soñado con viajar a España. Cada noche iban al puerto para emigrar.
A mi no me gustaba la idea, me quedo preocupada porque no se como acaban.
Finalmente se marchó. Yo lloré mucho y estaba muy nerviosa.
Mi hijo me llamaba por teléfono y me enviaba algo de dinero, pero después
nosotros no hemos sabido nada de él. Entonces comencé a preguntar y a
llamar por teléfono a un amigo en España que en ocasiones había estado con
mi hijo.
Un día, una mujer me preguntó donde estaba mi hijo y yo la respondí, no sé.
Esta mujer también tenía un hijo en España y parece ser que se conocían.
Al cabo de dos días, la mujer vino otra vez y me dijo que se había enterado
de que mi hijo había muerto en España. Yo no la creí porque me es muy difícil
para mi creer que mi hijo ha muerto. Creo que es insoportable para una madre
saber que su hijo se ha muerto. Yo creo que estaba soñando.
Ha sido muy difícil para toda la familia y principalmente para su padre. Ha
entrado en una depresión.
Después de cuarenta días, un periódico español habla de que un menor marroquí
había muerto quemado y que habían sido otros chicos. Le cogieron
entre varios y le metieron en gasolina. Luego le prendieron fuego. Fue en
Barcelona.
La policía española vio una cartera de mi hijo al lado del coche. Es por eso
que le han identificado.
Fue mas duro para mi leer de que manera había muerto mi hijo. Me quedé sin
hablar toda la semana. Mi marido también dejó de hablar.
Pasado unos días, pregunté como podía conseguir las cenizas de mi hijo a la
policía española a través de unos amigos, pero no podían hacer nada.
Hablé con la fundación Mohamed V pero tampoco pudieron ayudarme. Hablamos
con abogados, periódicos pero nadie nos pudo ayudar.
Nosotros no sabemos por qué aquel grupo de chicos había quemado a mi
hijo.
Ahora yo solamente pregunto donde están las cenizas de mi hijo. Me gustaría
enterrarlas cerca de su familia. Es ya un sueño, difícil de conseguir.
MUJER MARROQUI PASEANDO EN LA KASBA