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miércoles, 14 de septiembre de 2011

SITUACIÓN DE LAS MADRES SOLTERAS EN MARRUECOS


“El nuevo Código de Familia (Mudawana) resultado de la reforma del anterior por la presión de los movimientos feministas en el país y el apoyo de otros sectores sociales también reivindicativos de mejoras está vigente desde el año 2004. Permite el reconocimiento de la madre como cabeza de familia y facilita algunas cuestiones que antes no eran posibles. Pero, como ocurre la mayoría de las veces, la ley va por delante de los cambios de mentalidad y de ideas. Se hace difícil la labor de sensibilización, la comprensión de una sociedad cambiante, pero paradójica como es la marroquí.”

Ser madre soltera en Marruecos es como lo era en España hace poco tiempo pero a lo bestia, con una sociedad que le da la espalda hasta en lo más básico y si en España al menos quedaba el regazo de los padres más comprensivos, allí son repudiadas por sus propias familias, enquistadas en el gueto del desamparo más absoluto, y todo ello en constante contraste con una sociedad que dicen que está cambiando, pero a la que le queda mucho por cambiar.

El drama de las madres solteras en Marruecos lo viven intensamente sus hijos, que se debaten entre el abandono y la discriminación por parte de una  sociedad que castiga las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Las estadísticas son contundentes: cada día nacen en ese país magrebí 153 niños fuera del matrimonio, de los cuales 24 son abandonados por sus madres. Gracias al apoyo del sector asociativo, ocho de esos hijos de mujeres solteras lograran escapar a diario del abandono.

                               

El informe nacional “El Marruecos de las madres solteras”, financiado entre otros por el Fondo de Naciones Unidas para la Mujer  (UNIFEM) y presentado recientemente, desvela a golpe de cifras una realidad soterrada en una sociedad como la marroquí.

La frágil situación de esas madres y de sus hijos empieza cuando el embarazo se hace visible, porque entonces es evidente que ellas han transgredido una norma religiosa y social, calificada por ley como delito. Por otra parte, el Código de Familia marroquí discrimina a la madre soltera que se queda con su hijo: ella solo podrá darle su apellido si su padre o su hermano acceden, y no tendrá ningún derecho a reclamar una pensión del padre biológico.

Asimismo, la ley discrimina también a esos niños, ya que al contrario de los que nacen en el seno del matrimonio, éstos no se consideran “hijos legítimos”, sino “hijos naturales”, y no pueden ser reconocidos por su padre aunque este muestre su deseo de hacerlo.


El artículo 490 del Código Penal marroquí castiga con penas de un mes a un año de cárcel a quienes mantienen relaciones sexuales fuera del matrimonio.

La mayoría de las que deciden desprenderse de sus hijos, lo hacen legalmente, casi siempre en la misma clínica o ante un juez, pero “el 38 por ciento de los niños son abandonados de forma ilegal” .Así, en el 2009 fueron más de 3300 bebés los que cayeron en manos de lo que el estudio denomina como “intermediarios” : los recién nacidos pasan a formar parte en muchos casos de un negocio cuyos clientes son personas que deciden no seguir los procedimientos legales para hacerse con la tutela de un niño. Lo más problemático es la mirada de la sociedad hacia estas mujeres, que son vistas como prostitutas ,una mirada que obliga a muchas de ellas a criar a un hijo cuando se han roto los lazos afectivos con su entorno más próximo.

                      

MUERTE DE LARUI:
NOTICIA Y FOTO EL MUNDO.ES
                                           
Entre cuatro muros levantados con ladrillos y unos plásticos que hacen de techo, Bontaib, rodeada de sus hijos y nietos, comenta que Larui, una chica seria con pocos amigos, se veía forzada a salir a la calle para mendigar.
Su vida refleja la desesperación que puede desencadenar la pobreza, pero sobre todo el repudio que todavía existe en Marruecos hacia la mujer soltera, la divorciada o la que intenta salir adelante por si misma sin el apoyo de un hombre.
El destino trágico de Larui comenzó a fraguarse cuando, a los 15 años, fue violada y se quedó embarazada del primero de sus dos hijos.
Consciente de la vergüenza que podía suponer este agravio para su familia optó por marcharse a la ciudad de Agadir, en el suroeste, y tiempo después regresó a Suk Sebt, una localidad cercana al Atlas, rodeada de extensos de cultivos.
En 2010 el Gobierno lanzó en esta zona la campaña “Ciudades sin chabolismo”, que obliga a la gente a desalojar las chozas en las que viven y a cambio les ofrecen un pequeño terreno, pero no gratuito.
Los responsables de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) en Suk Sebt, aseguran que a Larui se le denegó sistemáticamente la parcela que pretendía comprar por no tener marido.
Larui reclamó seis veces durante seis meses su derecho a un terreno. Seis veces y seis meses en los que no obtuvo ninguna respuesta.
El lunes 21 de febrero, se dirigió por la mañana al ayuntamiento de Suk Sebt para volver a quejarse. La AMDH afirma que fue humillada e insultada. Nunca regresó a casa.
Con quemaduras de tercer grado, Larui fue ingresada en un centro sanitario que, según la AMDH, no contaba con los medios necesarios para tratarla, y un día después fue trasladada a un hospital de Casablanca. Murió el 23 de febrero.
“En ningún momento me informaron de lo ocurrido. La trasladaron a Casablanca sin avisarnos, a pesar de que pasamos la noche fuera del centro médico esperando alguna noticia. A día de hoy no nos ha visitado ningún funcionario ni representante de las autoridades”, dice a Efe su madre, mientras enseña un álbum de fotografías.


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